Una playa, un faro y un lago en el litoral camerunés
¡Mereció la pena llegar hasta
aquel plácido lago, en un lugar agreste considerado como el más lluvioso del
planeta!
Estábamos alojados en el Hotel Atlantic Beach en Limbe, ciudad del litoral camerunés, que nos ofrecía inmejorables vistas al mar. Es un edificio colonial, de la época de influencia británica, construido en la misma playa. No solo es colonial el edificio sino también el mobiliario, los decorados y hasta el Personal de Servicio que vestía uniforme victoriano y estaba dotado de esa amabilidad sencilla que consigue con facilidad que te sientas importante. En la habitación hay una enorme cristalera por la que se accede a la terraza, desde la que se huele y se escucha el mar.
Estábamos alojados en el Hotel Atlantic Beach en Limbe, ciudad del litoral camerunés, que nos ofrecía inmejorables vistas al mar. Es un edificio colonial, de la época de influencia británica, construido en la misma playa. No solo es colonial el edificio sino también el mobiliario, los decorados y hasta el Personal de Servicio que vestía uniforme victoriano y estaba dotado de esa amabilidad sencilla que consigue con facilidad que te sientas importante. En la habitación hay una enorme cristalera por la que se accede a la terraza, desde la que se huele y se escucha el mar.
Habíamos llegado al anochecer
pero con luz suficiente para darnos cuenta de que la ciudad está rodeada de una
vegetación exuberante, exceptuando la parte de la costa, y aún a tiempo de
apreciar la ruinosa silueta de un barco encallado desde hace décadas, frente al
hotel. Este es solo uno de los detalles que contribuye a que la ciudad, en otro
tiempo próspera, tenga ahora un aspecto de decadencia.
Está tan poco iluminada que
tuvimos que utilizar nuestras linternas en el recorrido nocturno por algunas de
sus calles. En un chiringuito de la bahía cenamos pescado asado. La costumbre
del lugar consiste en acercarte a donde asan el pescado y elegir tú la pieza
que quieras; siguiendo la recomendación de nuestro guía, unos elegimos War (una
especie de arenque) y el resto Sole (que no sé a qué pescado, entre los
de aquí, podría parecerse); el posterior regateo en el precio es imprescindible
para quedar las dos partes satisfechas. Nos lo sirvieron en un plato sin
cubiertos, acompañado de enormes y jugosas rodajas de plátano frito. Para tan
sabrosa comida, todos utilizamos los dedos.
A la mañana siguiente
visitaríamos el poblado de los pescadores que está muy próximo al pequeño
puerto: Viejas y destartaladas casas con placas de uralita, fijadas al tejado
mediante grandes piedras posadas encima.
Hay movimiento de barcas pequeñas
que entran con su carga de pesca; algunas están motorizadas, pero otras
funcionan todavía a vela y remo. La playa está tan repleta de grupos de gente,
como de restos de inmundicias: trozos de cañas, plásticos, restos de frutas,
cuerdas, mallas, ropas y cilindros de piedra (estos últimos, se usan en calzar
o para movilizar los barcos) La pesca suele ser con red y en zonas bastante próximas
al litoral, regresando al puerto en uno o dos días generalmente. El pescado lo
transportan, desde las embarcaciones en unos sacos, sobre los hombros, hasta
los puestos de venta. Revoloteando entre los hombres y mujeres de este oficio,
hay unos niños en la playa vendiendo cacahuetes o buñuelos; otros juegan
despreocupadamente al fútbol, pateando un balón de plástico.
A mediodía teníamos programado
visitar la reserva natural en el Cabo Debundsha en donde podríamos tener la
suerte de ver un lago majestuoso y un faro marino actualmente abandonado
(construido por los alemanes antes de la Segunda Guerra Mundial). Hubo que
conseguir un permiso de acceso y superar un control policial. Nuestro guía
mantuvo una afable conversación con el “Comandant” (¡seguro que no llegaba ni a
Sargento!), que era un hombrón de unos dos metros de estatura, rostro
inexpresivo y labios gruesos, que hablaba un español tan lento como
irreconocible. Cuando alguien del grupo le dice que habla bien el español
(supongo que fue por darle un poco de jabón y se ablandase en su actuación
sobre permitirnos la entrada), sonríe orgulloso y emplea dos minutos en
decirnos que el español fue su segunda lengua (en ese país, en el que muchos
hablan Inglés, Francés, Ewondo y otras lenguas locales, yo los había visto más
listos).
Nos obliga a contratar un guía
experto en la zona, con el fin de que podamos recorrer el deshabitado lugar
teniendo la garantía de no perdernos. Después de viajar en furgoneta varios
kilómetros por una carretera entre un tupido palmeral, iniciamos una caminata
por una jungla que pronto nos abocaría al mar, a una playa encantada, en la que
probablemente seríamos los únicos visitantes del día o de la semana.
Recuerdo la playa de arena negra
que se abría directamente desde la zona selvática; las olas, acariciando el
litoral en un combate que ya dura millones de años sin que se retire el bosque
o avance el mar; recuerdo la pesada caminata en un intrincado paraje de
arbustos y malezas, superando grandes pendientes por el acantilado.
El guía nos condujo finalmente
hasta el fantasmal faro en plena selva pero no muy alejado de la costa atlántica.
Es un edificio redondo y alto construido de ladrillo y recubierto por cemento
desconchado, que está invadido de vegetación. Tanto el faro como sus
alrededores, se encuentran en un lamentable estado de abandono.
Antes de avistar el esperado
lago, el camino por aquel tupido lugar se había vuelto más intransitable porque
nos topábamos regueros con agua, troncos derribados, rocas y pasos estrechos.
Hubo un momento en que el propio guía manifestó estar perdido, no saber
continuar (yo lo interpreté como un intento de chantaje y así conseguir elevar
sus emolumentos…). Después de dos horas, casi agotados por el calor y la
humedad reinantes, nos lo encontramos casi de sopetón.
¡Aleluya! fue la palabra que
alguien del grupo pronunció al contemplar aquel remanso de agua, bordeado de
enormes árboles. Los demás, enmudecimos de asombro.
10 comentarios:
¡Nadie sabe lo que me costó hacer la entrada, al tener nuevo formato!
Pero les había prometido a Manolo o a Alba, ya no recuerdo bien, un capítulo más.
(qué a gusto quedé).
Las fotos, lo siento, no son ninguna del maravilloso lugar (Cabo Debunsha, en Limbe) pero os haréis una ligera idea con el texto.
¡Otra vez la fragoneta!, jaja
Y a mi el comentario propiamente dicho, cuando lo voy a publicar me la juega.
Que digo yo que tengo la sensación de haber estado en el lugar, la llana descripción ha hecho que me trasporte hasta allí y aunque las fotos son importantes por esta vez es como si las hubieses puesto.
Lo que no termino de ver es la fragoneta, jaja.
Besos y salud.
Bueno bueno, después de mucho tiempo por fin un nuevo capítulo, ya me avisaste, Jaime, de que es el último, pero bueno, es verdad que lo explicas tan bien que parece que estemos paseando por ese bosque y esas palmeras, aunque me gustaría ver una foto de esa playa... eso sí, el lago super bonito.
¡Por lo menos "en ca Maxi/Ana" se lee todavía el blog del Egido!
Y me alegro de que os haya gustado.
Tienes razón, Ana, no nombro la furgoneta pero se la supone...
Alba: Sí que llevé cámara y he revisado las fotos que tengo...¡Ni una del lugar! Habrá que conformarse con la descripción.
Muchas "mercies" y besos a las dos.
Hombre!! Por fin novedades!! He podido oler el manglar a pesar de estar metido en el coche en un polígono industrial de Azuqueca de Henares, es lo que tiene la literatura...
Bonito relato Jaime. Por aquí también se lee, es sólo que habíamos perdido el hábito de entrar.
Por cierto, no te encontrarías por allí a Froiliana y su hermana? Jejeje.
Un saludo.
Gracias, Dumas. Creo que cuando me jubile, acudiré a tu archivo de anécdotas de detective en Azuqueca de Henares y Móstoles para inspirarme. Igual no nos forramos pero remediará la exigua pensión que me quedará...
No. No vi ni a Froilana ni al resto de la camarilla de personajes. Llego a la conclusión de que, salvo la honrosa excepción de aquel peruano de Perú, solo salían a la palestra por interés personal. En concreto, el ANSIA, la COMPETITITIVIDAD por ser los mejores (recuerda como afilaban la cuchilla en los concursos, en las adivinanzas, en aspirar a un premio...).
Se me está ocurriendo... (te lo digo otro día, jaja)
El escritor de la familia.
Por méritos sobrados.
Qué bonito, Jaime!
Desde luego podías trabajar como guionista de esas series televisivas que nos muestras el mundo desde sus viajes. Por capítulos también, como los tuyos.
Yo creo que las fotos son esas, por más digas que no son. Están en su punto.
Y los personajes...
Ay Jaime, qué pereza!
Están tan profundamente dormidos...!
Sí que aprovechaste tu viaje, sí.
Solo estoy esperando a jubilarme para hacer uno contigo. Lo programamos, lo soñamos, lo escribimos, lo filmamos, hacemos vídeo... Quién sabe si una serie, jaja.
Un placer leerte, Jaime. Aquí y en los relatos de algunos viernes.
Gracias, Vitines (que decía D. Fabián).
"Aproveché" el viaje por que tomé notas allí mismo y se me mezclaron, sin querer, con lo que sentía... de otra forma, ahora no recordaría NADA.
Ve pensando en Ecuador, Sep-2014, que se casa mi amigo Pako el extremeño allí, y nos llevan a la selva atravesada por ríos caudalosos y repleta de fieras...
Besos.
Jolín. Entro a este lugar sabiendo que está desierto, que nadie lee y resulta extraño. Parece como si entrases a una catedral enorme, con las columnas que se elevan al cielo rectas como una varilla de junco y arriba la gran bóveda impresionante. Y de pronto, te das cuenta que hay un silencio total y un vacío apabullante. El miedo se apodera de...
(escribo solo por saber si alguien tiene la misma idea de entrar aquí y ve esta nota absurda...)
bbs a toos
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