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martes, 18 de octubre de 2011

Crónica Napolitana




Mouhamadou Ngom es emigrante de un país africano. Recaló en Italia cuando entró en este país ilegalmente en el año 2004. Hasta el año 2007 vivía de los beneficios que le generaba la venta ambulante (venta ilegal pero consentida por la autoridad municipal).
Vendía “cedés” grabados en un equipo de música que compartía con otros colegas, también compañeros del piso alquilado. Unas veces en el parque, otras en el casco antiguo, todas las tardes ofrecía su mercancía de forma tranquila y amable. Parloteaba inglés, español e italiano y su presencia ya era una figura habitual, como un elemento decorativo que relaja las tensiones familiares.
En la actualidad se han prohibido todo tipo de ventas que no tengan licencia y gravamen del Ayuntamiento. Se persiguen estas prácticas y Mouhamadou ya no consigue colocar el género. Apenas tiene para subsistir.
Ya no ríe ni baila, como hacía en su país. Se pasea en vano arrastrando su agotada mansedumbre. Ayer mismo me contó que se había sentido tan hundido moralmente, que había reaccionado decidiendo recuperar su pasado, sus raíces, su sitio.

Me dijo que quería dedicarse a lo que realmente sabe hacer: Al trabajo de ebanistería, profesión que ejerció durante muchos años en su juventud.
Quiere recuperar a su familia, ser él mismo, poder disfrutar en los días de fiesta tomando una cerveza con los amigos.
Mouhamadou ha conseguido un billete -subvencionado en su totalidad por los Servicios Sociales- para regresar a su país. Ya sueña con ver el espectáculo de niños bañándose en el río, y mayores charlando al atardecer...
Le sentí orgulloso, libre, consciente del engañoso sueño occidental donde la frustración y lo individual, predominan sobre la felicidad y el espíritu de compañerismo.


Árrigo Marconi, Corresponsal Corriere de la Sera

viernes, 5 de agosto de 2011

RELATO






Una mascota diferente




Al niño le gustaban los peluches pero también las figuras de animales de tacto más áspero, como peces o reptiles. Los padres quisieron regalarle una mascota original y para ello consiguieron un CITES, que es un número de exportación/importación en el Convenio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre, y le compraron un saurio de escasos meses de vida. El reptil tendría espacio suficiente para moverse en la casa o en el jardín de la vivienda.
¿Quién dijo que los reptiles no podrían convivir con los humanos o, al menos, alcanzar cierto grado de domesticidad?
De hecho, congenió más con el niño que con el resto de los miembros familiares. Incluso aprendió a dormir, graciosamente enroscado, a los pies de la cama del niño. Los padres se sintieron orgullosos de aquella simbiosis, tan original.
La abuela, sin embargo, admitió aquella situación a regañadientes.
Un día, en lugar de dormir hecho un ovillo, como solía hacer, comenzó a dormir estirado sobre la cama, en posición paralela al niño. Los padres quisieron saber qué significaba aquel avance en el comportamiento y se lo fueron a comunicar al veterinario.
Éste les dijo que la serpiente estaba tomando la medida del niño.

Mientras tanto, en la vivienda familiar, una enloquecida abuela apaleaba sin cesar al saurio.


Jaime