¡Qué maravilla, qué fortuna: Amistad y Familia a la vez!
Soltaré algunas frases que ya no podría sacar del desván de los recuerdos de aquel fin de semana en la Casa Rural -Don Alzeimer acecha- sino que me vienen a la mente al ver las fotos:
Veo un grupo de jóvenes divertidos en torno a la chimenea del salón, el fuego de leña indispensable para la catarsis. No hace falta nombrar al que dijo mas tonterías, ni al que abusó de sofá o de fregoteo... Todos tiramos del carro de la intendencia, del juego, de la charla -monográfica femenina en algunos momentos cumbres, jaja-, y del buen ambiente.
¡Qué muñecos tan guapos somos en el bosque invernal zamorano, y asomando el careto entre las celosías centenarias!
Y esa imagen del grupo sobre la cruz de granito, a la tenebrosa luz de atardecer, parecemos los encargados de anunciar el Apocalípsis de una comarca que se resiste a desmoronarse.
Yo me perdí la visita a esa Iglesia, la subida al Campanario -sin duda, hubiese tocado la campana-, y la ilustrativa charleta con el abuelete sabio. Afortunadamente contemplé las vistas del corral de la propia casa, conservado casi tal cual, y que fué como hacer un viaje imaginativo por la vida de nuestros antepasados, doscientos años atrás...
Me encantará la versión femenina de una experiencia similar y, como dice Neme, poder verlo por un furaco.
1 comentario:
¡Qué maravilla, qué fortuna: Amistad y Familia a la vez!
Soltaré algunas frases que ya no podría sacar del desván de los recuerdos de aquel fin de semana en la Casa Rural -Don Alzeimer acecha- sino que me vienen a la mente al ver las fotos:
Veo un grupo de jóvenes divertidos en torno a la chimenea del salón, el fuego de leña indispensable para la catarsis. No hace falta nombrar al que dijo mas tonterías, ni al que abusó de sofá o de fregoteo... Todos tiramos del carro de la intendencia, del juego, de la charla -monográfica femenina en algunos momentos cumbres, jaja-, y del buen ambiente.
¡Qué muñecos tan guapos somos en el bosque invernal zamorano, y asomando el careto entre las celosías centenarias!
Y esa imagen del grupo sobre la cruz de granito, a la tenebrosa luz de atardecer, parecemos los encargados de anunciar el Apocalípsis de una comarca que se resiste a desmoronarse.
Yo me perdí la visita a esa Iglesia, la subida al Campanario -sin duda, hubiese tocado la campana-, y la ilustrativa charleta con el abuelete sabio. Afortunadamente contemplé las vistas del corral de la propia casa, conservado casi tal cual, y que fué como hacer un viaje imaginativo por la vida de nuestros antepasados, doscientos años atrás...
Me encantará la versión femenina de una experiencia similar y, como dice Neme, poder verlo por un furaco.
Besitos
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